“He visto a las mejores mentes de mi generación destruidas
por la locura, hambrientas histéricas desnudas”, leía Ginsberg. Como si se
tratara de una jam session, Kerouac exclamaba junto al escenario: “¡Wow!
¡Yes!”. La voz de Ginsberg se volvía un cántico en cada verso sobre los
“ángeles rebeldes” que “fueron expulsados de las academias por locos y por
publicar odas obscenas en las ventanas del cráneo”. El entusiasmo contagiaba al
público, y Kenneth Rexroth tenía los ojos brillantes de alegría. Aquella “fue
la noche del Renacimiento Poético de San Francisco”, anotó Kerouac en Los
vagabundos del dharma.
Dueño de la librería y editorial City Lights, a la mañana
siguiente Ferlinghetti le escribió a Ginsberg: “”Te saludo al comienzo de una
gran carrera. ¿Cuándo recibiré el manuscrito?”.
Publicado en 1956, Aullido y otros poemas fue una de las
piedras fundacionales del movimiento beat. El editor fue llevado a juicio
acusado de pornografía, pero quedó libre de cargos un año después, lo que le
dio enorme resonancia al libro y al mismo Ferlinghetti, autor de A Coney Island
of the Mind, fallecido el lunes pasado. Como si las estrellas se hubieran
alineado, y después de numerosos rechazos, ese año Viking Press publicó En el
camino, la novela de Jack Kerouac sobre sus viajes en las carreteras de Estados
Unidos. The New York Times la saludó como un acontecimiento histórico, “una
auténtica obra de arte”, la gran novela de la generación beat.
La trinidad de obras fundacionales del grupo apareció en
París en 1959: El almuerzo desnudo de William Burroughs se publicó con una
fajita que decía “no se venderá en EE.UU. ni en el Reino Unido”. Una revista de
Chicago publicó extractos y la policía incautó los ejemplares. La primera
edición americana llegó en 1962 y también fue llevada a juicio por su historia
de homosexualidad, drogas y violencia. Finalmente, la corte permitió su edición
por su valor “redentor”.
“El espíritu de América”
Burroughs, Ginsberg y Kerouac se habían conocido en Columbia
en 1944, y compartían sus aspiraciones literarias y su búsqueda de experiencias
vitales. Poco después conocieron a otro personaje que los cohesionaría, Neal
Cassady, un joven ladrón de autos que ejercía atracción en ellos con su
personalidad y sus historias callejeras. “No era en absoluto un intelectual,
pero era inteligente en un sentido casi prodigioso. Aunque la cualidad que
probablemente hacía de él un amigo tan preciado era sencillamente la de poseer
el corazón más entrañable que yo haya encontrado jamás”, dijo el editor Gordon
Lish.
Kerouac se fue a la carretera con Cassady: es el héroe tras
Dean Moriarty de En el camino. A su vez, Ginsberg lo saluda en Aullido como “el
Adonis de Denver”.
El nombre del movimiento nació de una visión que tuvieron
Kerouac, Ginsberg y John Clellon Holmes a fines de los 40, sobre “una
generación de hipsters locos e iluminados, que aparecieron de pronto y
empezaron a errar por los caminos de América, graves, indiscretos, haciendo
dedo, harapientos, beatíficos, hermosos, de una fea belleza”, afirmó Kerouac.
Beat “quería decir derrotado y marginado pero a la vez colmado de una
convicción muy intensa”.
El gran articulador del movimiento fue el poeta de Aullido.
“No habría habido una generación beat sin Allen Ginsberg”, afirmó Ferlinghetti.
Al grupo se sumarían poetas y escritores como Gary Snyder, Gregory Corso, Peter
Orlovsky, LeRoi Jones y Michael McClure, entre otros.
“Vimos que el arte de la poesía estaba esencialmente muerto:
asesinado por la guerra, por los académicos, por la negligencia, por la falta
de amor y por el desinterés. Sabíamos que podíamos revivirlo”, sostuvo McClure,
uno de los poetas que participó en la lectura en Six Gallery.
La sensibilidad beat, con su discurso antiburgués y
antibélico, con su apertura sexual y su pulsión vitalista, cautivó a los
jóvenes. “La única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está
loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo
tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde,
arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las
estrellas”, escribió Keroauc en su novela emblemática.
A esos ideales se sumó la exploración de la conciencia, el
interés en las filosofías orientales y la búsqueda de “sustancias psicodélicas
como herramientas de conocimiento, particularmente la marihuana, los hongos y
el ácido lisérgico”, como dijo Ginsberg, quien visitó Chile en 1960 junto a
Ferlinghetti, invitados al Encuentro de Escritores Americanos de Concepción,
donde un joven Jaime Quezada los escuchó “arrobado e hipnotizado”, recuerda.
“Los beats fueron la
prehistoria de los hippies, sacaron a la luz todos sus temas, desde el
ecologismo al pacifismo”, diría Ferlinghetti. La cultura beat atrajo a músicos,
artistas y cineastas, desde Bob Dylan a Janis Joplin, Jim Morrison, Patti
Smith, Larry Rivers y Dennis Hopper. Su estela de influencia alcanzó a Thomas
Pynchon y Don DeLillo, a Kurt Cobain y Roberto Bolaño. En América Latina
encontraron interlocutores en Nicanor Parra, a quien visitaron en 1960 y
editaron en City Lights, y Ernesto Cardenal. Traductor y admirador de
Ferlinghetti, el poeta de Nicaragua “siempre recordaba que ‘la suya es una
poesía libre y espontánea que satiriza la vida norteamericana contemporánea’”,
recuerda Jaime Quezada.
La estela de influencia puede reconocerse en los primeros
cuentos de Antonio Skármeta y en la poesía de Claudio Bertoni (ver recuadro).
Del documental a la ficción biográfica, el cine también se sintió atraído por
los beat: así como David Cronenberg adaptó El almuerzo desnudo y Walter Salles
filmó En el camino, James Franco y Daniel Radcliffe interpretaron a Allen
Ginsberg en Kill your darlings y Aullido, respectivamente. El documental the
Last Waltz de Martin Scorsese también recoge parte del ambiente de esa
generación que buscó, como dijo Ginsberg, “rescatar el espíritu de América”.
La despedida de Claudio Bertoni
El poeta de Concón viajó a Estados Unidos a fines de los 60
y se empapó de la cultura de la época. En un texto enviado por e-mail, sin
mayúsculas y que evita la puntuación convencional, recuerda a Ferlinghetti y
los beat:
“siento lo de ferlinghetti me caía muy bien yo pasaba mucho
tiempo en su librería city lights de san francisco el año 69 y le robé un par
de libritos los blues & haikus de kerouac y las obras completas de meister
eckhart traducidas por raymond b. blakney que es la misma versión que usaba
thomas merton también lo vi leer a ferlinghetti con gary snyder denise levertov
richard brautigan y otros en un teatro en berkeley ese mismo año y ginsberg me
gusta mucho de ginsberg se pueden decir muchas cosas que es muy desordenado que
muchas veces se va al chancho y saca los pies del plato y el mismo william
carlos william le dice en una carta a denise levertov que él también duda a
veces de las habilidades poéticas de allen ginsberg pero ginsberg me parece al
final que supera todo esto por la dosis de candor que incluye su poesía y por
su tácito lema ‘first thought best thought’ que viene de su maestro trungpa y
desde antes incluso y que para algunos poetas ha sido tan útil como inútil y
perjudicial para otros a él lo vi el 73 en el robert albert hall creo en
londres con w.h. auden, joseph brodsky al que no le entendí nada porque recitó
en ruso pero sonaba muy bonito y el howl y el sun flower sutra y el kaddish (¡y
cuantos más!) son poemas que no se le pueden robar a ginsberg que como dice en
otro poema escribe y escribimos ‘to ease the pain of living’”.
Tomado de https://www.latercera.com/