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No sé hasta qué punto ser poeta es una decisión, una opción o trampas del azar. En todo caso, una vez que comienza no hay quien lo detenga. En el momento que descubrimos la poesía y, más aún, cuando nos involucramos en sus marañas, la vemos en todas partes. Vemos poesía, leemos en poesía, soñamos en poesía, a tal punto que no nos queda más que identificarnos en poesía, y hasta nos califican como poetas.

A partir de allí, una vez adentro, nos preguntamos qué hacer con tanta musa suelta. Las intimamos en señales semánticas, alcahuetas amantes y se echan a volar...

Justo, en ese momento, dejan de pertenecernos, se desprenden de nuestras manos, de nuestro cuerpo... y, un buen día, se escapan y son otros los que sueñan y suspiran. Otros son dueños de su hechizo, lectores seducidos por un sentir anónimo y solo nos queda como testigo su esqueleto y letra de tímida sonrisa plasmada en un viejo poemario.

Arlette Valenotti


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Creo en un mundo que se rija por unidades de sonrisas
con impresoras de alegría en los bancos centrales
que distribuyan chistes en los cajeros automáticos
y las transacciones sean selladas con hamaquitas en los labios,
que cuelguen de los árboles en los pasillos de los supermercados
y adornan los huertos que alimentan el alma
que viaja descalza con su cestita en la mano.
Mangos,
guanábanas,
piñas,
tamarindos,
coloreando los trapos,
coloreando la piel.
Destilando aromas por linderos sin dueños,
atravesando alambres de sueños,
regando los cultivos de equidad
por donde corren las vocales que alimentan las tonadas
que viajan hasta el río persiguiendo tripones
pa' contarles que los números son cosa del diablo
porque el que aprende a contar empieza a cortar raíces
y confunde compartir con competir.
Por eso,
el mundo en el que creo TODO es a SONRISAS
porque el que más quiere, mas tiene
y el que más quiere, más contagia.
En eso se va la vida, (perdón)
en eso se iría...
Sembrando cosquillas
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Y comenzaron a desprenderse los pedazos de noche
al fondo mi diminuta corneta deja escuchar cantares de Alí Primera
un goteo próximo a la ventana desordena mis pensamientos.
Mis sentidos se agudizan mientras las estrellas se quitan los tacones,
el sol, un tanto arrogante
se toma su tiempo para enchufarse al sur del planeta.
Mientras lo espero,
mi hijo sacia su temprano vicio en mis senos sabor a caramelo.
De pronto...
Alí y el goteo son silenciados por la tertulia de unos chuchubes,
las estrellas van deslizándose de puntillas, poco a poco detrás de las nubes,
mechones dorados se mezclan con los pedazos de noche caídos,
todo es color,
todo es matices...
Naranjas,
azules,
mandarinas,
violetas.
Mi alma se mimetiza en esta alucinante armonía
y mis ojos sonrientes, sin pesares se cierran.
Ivonne Thompson
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Este 21 de septiembre la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello ofreció un ameno y sentido conversatorio para cantar y celebrar al “Chino” Valera Mora, autor de los títulos Amanecí de bala (1969) y Con un pie en el estribo (1972).

En esta actividad participaron los colectivos poéticos La Otra Orilla, Agave y el Frente de Creación Literaria Oficio Puro, quienes junto a los poetas Andrés Aguilar Pérez, Benito Mieses, Andrés Mejía y William Osuna, presidente de esta institución, compartieron historias, poemas y anécdotas del “Chino” Valera Mora, una de las voces más importantes de la literatura venezolana, que con su poesía desenfadada, irreverente y amorosa despertó el interés de los jóvenes, además de acompañar con su canto la lucha política librada durante la década de los sesenta.

El poeta William Osuna, presidente de la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello recuerda que “el Chino tenía una inteligencia feroz, vivía en el filo con el riesgo de su palabra. Las necesidades que tiene un poeta de nombrar la realidad están contenidas en el libro Amanecí de bala, donde se siente la militancia desde un sentido igualitario. Era irreverente en el verbo y la poesía”.

Víctor Valera Mora, oriundo de Trujillo, fue preso político en 1958, se graduó de sociólogo en la Universidad Central de Venezuela y luego incursionó en la lucha revolucionaria de la década de 1960, la cual acompañó con su libro Canción del soldado justo (1961), donde expresa los temas reivindicativos que más le preocupaban.

Es considerado uno de los poetas más importantes del siglo XX venezolano, cuya poesía retrató la lucha social de los revolucionarios venezolanos y latinoamericanos, sin dejar de lado el canto al amor y al erotismo. Su poesía continúa vigente y está impregnada de un profundo compromiso social y político, con gran dulzura, además.

En esta actividad participaron los colectivos poéticos La Otra Orilla, Agave y el Frente de Creación Literaria Oficio Puro, quienes junto a los poetas Andrés Aguilar Pérez, Benito Mieses, Andrés Mejía y William Osuna, presidente de esta institución, compartieron historias, poemas y anécdotas del “Chino” Valera Mora, una de las voces más importantes de la literatura venezolana, que con su poesía desenfadada, irreverente y amorosa despertó el interés de los jóvenes, además de acompañar con su canto la lucha política librada durante la década de los sesenta.

El poeta William Osuna, presidente de la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello recuerda que “el Chino tenía una inteligencia feroz, vivía en el filo con el riesgo de su palabra. Las necesidades que tiene un poeta de nombrar la realidad están contenidas en el libro Amanecí de bala, donde se siente la militancia desde un sentido igualitario. Era irreverente en el verbo y la poesía”.

Víctor Valera Mora, oriundo de Trujillo, fue preso político en 1958, se graduó de sociólogo en la Universidad Central de Venezuela y luego incursionó en la lucha revolucionaria de la década de 1960, la cual acompañó con su libro Canción del soldado justo (1961), donde expresa los temas reivindicativos que más le preocupaban.

Es considerado uno de los poetas más importantes del siglo XX venezolano, cuya poesía retrató la lucha social de los revolucionarios venezolanos y latinoamericanos, sin dejar de lado el canto al amor y al erotismo. Su poesía continúa vigente y está impregnada de un profundo compromiso social y político, con gran dulzura, además.

                                                                                                                     
                                                                                                                     Tomado: Correo del Orinoco
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