Pan límite
desahucio,
hogar sin techo:
tienes ocasiones inesperadas y
volcamientos silenciosos
para tenderme sin peso
y desnudo en la calle.
Nací sin dolor
y no grité,
pero quiero doler
en la patria,
en la voz, en un eco sincero
sin ventaja y sin llanto.
Caminé con una muleta
porque temprano
el amor por la vida me arrastró a la escuela
al habla,
a la comunicación,
aun cuando mi mundo interior
estaba lleno de color y entusiasmo.
El dolor urbano es modelador:
adolecer de ignorancia
no es un pleonasmo en la ciudad.
Allí, forzar la vuelta de la espalda
es el gesto, es el discurso,
es el silencio más permitido.
Los árboles que te dan sombra
no tienen frutos
la sangre que te da vida
sale de la tierra querida y fresca
lejos de tí.
Creer que te bastas en la miseria
de fronteras de concreto,
que el trabajo es tanto mas digno
cuanto menos cercano a la tierra,
es pobreza.
Te debes a los mares,
al lugar donde las lombrices
siembran el oxígeno,
a los dichos "ingenuos" y "vulgares"
de las amas de casa,
a las verdades de
pescadores, agricultores y artesanos,
a la libertad del patio
donde un niño corre,
construye juguetes
con palos, con piedras
con pasión;
y juega con orgullo ingeniero.
Eres ficción
y aún espejo deliberador
que traiciona con apatía:
La verdadera afrenta es perder la nostalgia
de tu origen;
olvidar lo que está detrás de los muros
que construyes con ciencia y tecnología;
despreciar el cansancio
la maternidad
la paternidad
la fraternidad;
expoliar
la tierra y las manos
que te dan aliento;
derrochar el agua.
...y enseñar que es normal
que todo se haga de poliestireno.