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Madre cocuiza

La casa descansa admirable, desafiante y robusta
a la vera de la escolta vegetal.
Es la madre cocuiza
que ha sanado con bálsamos
procurado arepas ayamanas
vestido sandalias,
creado lazos y amarres firmes
con su piel y con sus brazos.

La casa danza,
con mariposas y aves enamoradas,
el perfume y ofrenda de bicuyes,
la flor de las manos cocuizas
las manos falconiano-larenses.

La casa descansa y se mece
en chinchorros de piel sincera,
de piel que áridos fríos nocturnos
y calores diurnos, 
tejen con gusto materno
para refugiar sueños
y plantar sus raices
profundas.

Madre tierra, madre cocuiza:
Jirajaras y Ayamanes te respetan
Caquetíos y Gayones te enaltecen
te celebran,
te contemplan
y acarician tu carácter.

Madre, celebremos la vida:
tu vocación natural se hizo mestiza
y hoy destilas pensamientos puros
y amores posibles.

2 comentarios:

  1. Definitivamente...un "destilado mestizo", una casa que nos alberga y el hilo evaporado que nos teje la palabra.

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  2. ¡Cuánto tenemos de mestizos, cuánto de destilados! La poesía cuenta nuestras gestas, nuestras palabras tienen mucho de lo que tenían cada una de las madres y padres que antecedieron a nuestros ancestros directos. Nuestro poder de entender esas palabras, el juego que las construye es una destilación. Que el mestizaje nos siga tejiendo porque es fortaleza, porque es textura cultural, porque es multivocidad, porque su suerte estética tiene la experiencia de proverbios y de canciones de cuna.

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