Aquel corazón abierto al pasado,
donde laten huellas ancestrales,
duerme sobre las horas musicales
de las campanas de la iglesia,
difuminado entre otras alarmas.
¡A que no me atrapas!
juegos entre niños y palomas
que dan luz y alegrías a su leyenda blanca.
Perpetuas serán las conversaciones antológicas entre ancianos:
por siglos enciclopedia vivencial de saberes y nostalgia.
¿Como separar al bolerista solitario y al historiador del latido de mi ciudad?
¿Quien no reposa el trajín laboral sentado sobre el frío mármol?

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